PROGRAMA DOBLE 6, 7, 8, 9 y 10 DE MAYO
LA VERBENA DE LA PALOMA
Libreto de Ricardo de la Vega y música de Tomás Bretón
La noche del 16 de febrero de 1894 se vivió un día grande en el Teatro Apolo de Madrid. Se estrenaba La verbena de la Paloma, con libreto de Ricardo de la Vega y música de Tomás Bretón. El éxito que tuvo desde un principio la convirtió en una de las grandes obras del género chico.
En un primer momento se pensó en Ruperto Chapí para poner música a la obra. Distintos problemas le apartaron del proyecto, que caería, después de pasar por varios compositores, en manos de Tomás Bretón (1850-1923).
Este salmantino no gozaba por aquel entonces de mucha reputación. Sin embargo, en tan sólo 19 días fue capaz de componer la partitura de La verbena de la Paloma.
ARGUMENTO
La acción se desarrolla en Madrid, hacia fines del siglo XIX, al atardecer y por la noche de un 14 de agosto. El boticario don Hilarión se prepara para ir a la verbena. Informa a su amigo Sebastián que ha conocido a dos bonitas hermanas, una morena y una rubia, y que no sabe cuál de ambas le gusta más. Se escucha desde la taberna al joven Julián; ama a Susana con ardor, pero ella juega con él dejándose acompañar por un anciano.
La tía Antonia saliendo de su casa con sus dos sobrinas, Susana y Casta, aguarda a don Hilarión. Aparece el boticario de muy buen talante; al ser bienvenido por las mujeres ordena muchas bebidas en el café y mucha música con la que el viejo baila una mazurca con las dos hermanas a la vez. Julián se interpone airado y la tía Antonia azuza a los perros contra él. Julián logra no obstante interpelar a Susana con la desconsolada y furiosa habanera "¿Dónde vas con mantón de Manila?".
Don Hilarión llega a la plaza perturbado por la anterior disputa en el café; se reconforta con un vaso de jerez. Poco más tarde llega Julián con ira intensificada, toma erróneamente a una pareja de bailarines por Hilarión y Susana y pretende echarle encima a la policía a la tía Antonia, bajo acusación de alcahuetería. El escándalo del café se repite, Susana aparece en medio de la confusión y confiesa su amor por Julián. Seguidamente todos continúan el baile.
ACERCA DE LA VERBENA DE LA PALOMA
El género chico brilló, indudablemente, en el estreno de La verbena, en el Apolo la noche del 17 de febrero de 1894.
Se sabe que sus autores fueron Ricardo de la Vega y el maestro Bretón y que representa el alcaloide del madrileñismo teatral del fin de siglo. Pero no como sucede en otras obras, pintoresco y recargado de manera artificial, sino fluyendo con naturalidad, con una finura y precisión extraordinaria. Al lado de La verbena palidecen todas las demás.
No era de extrañar este resultado en Ricardo de la Vega, sainetero excelente en la pintura de costumbres y tipos de la época. Con todo, en La verbena se superó a sí mismo realizando su obra maestra. De Tomás Bretón, la extrañeza persiste. No porque su capacidad musical no fuese capaz de producir obras de mérito, sino porque su musa era absolutamente seria, vertida hacia la ópera o el concierto, y parecía imposible que, careciendo de la flexibilidad de un Chapí, pudiese musicar un sainete madrileño con propiedad.
Pero el músico salmantino acertó por completo y produjo la mejor partitura del género chico. No acertó más que una vez, porque aún cuando el éxito de La verbena le animó a persistir, en el resto de sus obras demostró que la musa del sainete no le había visitado plenamente más que una vez. Sus obras restantes son frías, aunque bien compuestas. Y De la Vega también se puede decir que después de La verbena ya no fue el mismo de antes, como si en su mayor acierto volcase todas las posibilidades.
Como era uso y costumbre en los sainetes de De la Vega, La verbena llevaba además del título principal, los de El boticario y las chulapas y celos mal reprimidos. No hay que decir que su éxito cara al público fue apoteósico desde el estreno, sin embargo el éxito de crítica fue menor de lo que ahora parece que mereció. Se juzgó como muy buena obra y como la más destacada de la temporada, pero no hasta el punto de ver en ella el apogeo del género.
REPARTO
DON HILARIÓN JESUS CORDON
JULIAN LORENZO MOK / ANTONIO TORRES
SUSANA ROSA RUIZ
CASTA GLEISY LOBILLO
TIA ANTONIA PEPA GARCÍA
SEÑA RITA MABEL GONZÁLEZ
LA CANTAORA Mª MAR VÁZQUEZ
TABERNERO PEDRO JAVIER
DON SEBASTIAN IGNACIO MUÑOZ
MOZO 1 CARLOS IBARRA
MOZO 2 MANUEL MARCOS
INSPECTOR JOSE MANUEL PALAO
SERENO JUAN GABRIEL
PORTERO JUAN DE LA CRUZ
PORTERA XOMARA GONZÁLEZ
GUARDIA 1 ROLANDO CASTELLANOS
GUARDOA 2 ROLANDO FONTANILLA
BAILAORA NOELIA MIRAS
DIRECTOR ORQUESTA BELKYS DOMÍNGEZ
DIRECTOR DE ESCENA RICARDO ARRANZ
ORQUESTA Y CORO TITULAR DE LA COMPAÑÍA ESTUDIO LÍRICO
COMPAÑÍA ESTUDIO LÍRICO DE MADRID
La Compañía Estudio Lírico surge en el panorama musical español en el año 2003. La integran músicos, cantantes líricos, actores y bailarines españoles y latinoamericanos con el objetivo de ofrecer óperas y zarzuelas de calidad y para llenar el espacio dejado por las grandes producciones extranjeras disponibles sólo en tournées y únicamente accesibles para grandes espacios.
Desde sus comienzos, esta compañía ha desarrollado una intensa labor musical y escénica, presentado su repertorio en la red de teatros de Castilla y León (Festival de verano de Burgos 2006) y en las principales plazas y teatros de España y Portugal, entre los que se destacan, el Teatro Jofre de Ferrol, Auditorio de Ourense, Teatro Principal de Lleida, Auditorio de Cáceres, Palacio de Congresos de Mérida, Palacio de Congresos de Badajoz, Teatro Concha Segura de Yecla, Auditorio de Coimbra, Teatro Olga Cadaval de Sintra, Auditorio Municipal de Portimao, etc., todos ellos con un gran éxito de crítica y público y representando los distintos títulos de su repertorio en sucesivas temporadas.
Su elenco artístico está compuesto por solistas especialistas de cada uno de los géneros. Todos ellos figuras del canto que ya demostraron su calidad en prestigiosos escenarios y viven constantemente una intensa actividad profesional, conocida por el público amante de la lírica.
AGUA, AZUCARILLOS Y AGUARDIENTE
Libreto de Miguel Ramos Carrión y música de Federico Chueca
La zarzuela Agua, azucarillos y aguardiente es otra de las muestras del género que tienen por escenario la ciudad de Madrid. El libreto fue escrito por Miguel Ramos Carrión y la música la compuso Federico Chueca. Se estrenó en el Teatro Apolo de Madrid el 23 de junio de 1897. La obra está ambientada en el Madrid de finales del siglo XIX y refleja a la clase media empobrecida en contacto con las clases más humildes. Se desarrolla en las proximidades de la Verbena de San Lorenzo, el 9 de agosto, en el paseo de Recoletos. En la obra se citan otras calles, como la Ribera de Curtidores, el Prao, la Plaza de Colón, Lavapiés, Las Vistillas, la Puerta de Alcalá, la Cebá. En la obra aparecen personajes y situaciones del Madrid de la época: aguadores y aguadoras, cigarreras, chulapos y chulapas, manolos y manolas, castañeras, barquilleros, el olor a churros calientes y la limonada en los barreños de barro cocido, niñas jugando al corro mientras las niñeras coquetean con los soldados, etc. Es decir, el Madrid castizo del chotis, el pasodoble y el organillo.
ARGUMENTO
Al alzarse el telón, Asia se encuentra recitando versos a un pájaro enjaulado. La poética situación es interrumpida al aparecer doña Simona portando una carta del tío Antonio cuya lectura devuelve a ambas mujeres a la más cruda realidad. Esta no es otra que la desesperada situación económica de madre e hija. El tío Antonio anuncia en la misiva que dejará de enviarles dinero salvo que la Asia se case con su primo Aniceto. La joven desfallece ante el anuncio y declara que, o boda con Serafín, su joven enamorado, o la muerte. La llegada del casero, dispuesto a cobrar la deuda e, incluso al desahucio, complica más la situación y obliga a doña Simona a tomar una heroica decisión: habrá que pedir dinero al novio de la niña, Serafín, que parece rico y que a buen seguro no se negará.
En el siguiente cuadro Lorenzo y Pepa, pasan por un trago similar. Si no pagan a don Aquilino los veinte duros convenidos, el puesto de agua de Pepa será embargado. Serafín pretende que Pepa ponga un narcótico en el agua de doña Simona para que se duerma y así poder disfrutar de Asia con toda libertad. Pepa no acepta, pero sí Lorenzo; a cambio, claro está, de una modesta suma con la que aliviar la deuda de Pepa y airear los mantones de Manila, celosamente "guardados" en el Monte de Piedad. Sin embargo, Pepa avisa a doña Simona de las intenciones de Serafín. Al final, es el muchacho el que toma la droga y queda profundamente dormido.
La última escena comienza con la discusión de Pepa y Manuela, una aguadora de a pie que pregona su mercancía frente al puesto de Manuela. El fondo de la disputa es cosa de pantalones y no sólo de celos comerciales. Al final, el embrollo terminará en fiesta y las protagonistas en amigas íntimas. Lorenzo y Vicente se van a la verbena con Manuela y Pepa. Asia y su madre, resignadas, deciden volver al pueblo. Y el pobre Serafín termina en la prevención por escándalo público, pues al quedar dormido, unos ratas le han dejado en paños menores.
ACERCA DE AGUA, AZUCARILLOS Y AGUARDIENTE
Como en otras ocasiones, el público madrileño acudió a este estreno con bastantes dudas, a pesar de que la música estuviera firmada por Federico Chueca. Al fin y al cabo, era final de temporada y se pensaba que la zarzuela sería obra de compromiso y relleno. Pero, también como en otras ocasiones, se encontraron con una maravilla, porque la música de Chueca, chispeante y despreocupada, caló en los asistentes desde el primer momento.
Una vez más se cumplía lo expresado, seis años antes, por el periodista Luis Ruiz y Contreras cuando dijo: “Tener obras de Chueca, es la fortuna de los empresarios; colaborar con Chueca, es la esperanza de los poetas líricos; oír las composiciones de Chueca, es el ideal del público”.
Hay mucho de verdad en las frases anteriores, porque Chueca, don Federico, como le llamaba el pueblo de Madrid, fue siempre el retratista musical de los madrileños, de sus penas y sus alegrías, de los ambientes del Prado, de Recoletos o de Embajadores, de los amores amargos y de las grandes satisfacciones, porque eran ellos mismos, porque se reconocían en las tablas.
Agua, azucarillos y aguardienteestá formada por un preludio y unos pocos números musicales que se repitieron la noche del estreno varias veces. Números como el “Coro de niñeras” (“Tanto vestido blanco…”), que coquetean con los soldados mientras “vigilan” a los pequeños; el “Coro de barquilleros”, que confiesan orgullosos su origen (“Vivimos en la Ronda de Embajadores”) antes de repartirse por la ciudad para ofrecer su dulce mercancía a los chiquillos y dar su merecido a quienes pretendan timarles; la escena de la disputa entre Manuela y Pepa (“Ya está ahí la Manuela”), la mejor bronca de nuestro teatro lírico; bronca que concluye en emocionada reconciliación, celebrada por los cuatro protagonistas yéndose a la verbena a ritmo de pasacalle (“Pa que veas, Manuela, lo que es Vicente”). No podemos olvidar la cita de la mazurca (“Ya es más de la una y media”), o el cuarteto entre Asia, Pepa, Simona y Serafín (“¿Está dormida?”) que se resuelve en el delicado vals cantado por el enamorado mozalbete: (“Yo te adoro, mi dulce ilusión”).
Tras escuchar esta música, no es extraño, conociendo la expresividad del público de Apolo, que Chueca fuera llevado a hombros, desde el teatro hasta su casa en la calle de Alcalá, a la altura de la del Príncipe de Vergara. Un buen paseo, atravesando la Cibeles y la Puerta de Alcalá, como pueden comprobar quienes conozcan Madrid.
Sin duda, lo mejor que puede hacerse con Agua, azucarillos y aguardiente es oír su música, pero no nos resistimos a recordar que, para resolver una de las mutaciones y no hacer el cambio de decorado a la vista del público, el libreto exige que “caiga un telón supletorio en el cual se halle pintada una alegoría, que represente la alegoría del botijo. En letras muy grandes estará escrito lo siguiente:
Al Botijo
Desprecio del Japón o de la China
el grandioso tibor de porcelana,
el vaso etrusco, el ánfora romana,
y la tinaja griega y damasquina.
Te canto a ti, que el agua cristalina
sabes frigorizar sin pompa vana,
expuesto en el balcón o en la ventana,
a los besos del aura vespertina.
Cuando mi boca en ti, bello cacharro,
busca ardorosa el abundante chorro
y con mis manos cálidas te agarro,
siempre encuentro propicio a mi socorro,
el caudal que refrescas en tu barro
y que brota sutil por tu pitorro.”
Lo firma Asia Pérez, la poética protagonista del sainete.
REPARTO
Asia (soprano) CHANTAL GARCÍA
Doña Simona, madre de Asia (mezzosoprano) CARMENLA CUEVAS
Pepa (soprano) MABEL GONZÁLEZ
Manuela (mezzosoprano) GLEISY LOBILLO
Lorenzo (tenor cómico) JESUS CORDÓN
Vicente (barítono) GERARDO MERE
Serafín (tenor cómico) IGNACIO MUÑOZ
Don Aquilino (actor) MANUEL MARCOS
DIRECTOR ORQUESTA BELKYS DOMÍNGEZ
DIRECTOR DE ESCENA RICARDO ARRANZ
ORQUESTA Y CORO TITULAR DE LA COMPAÑÍA ESTUDIO LÍRICO
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