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FENICIA Compañía de Danza Oriental
Página web de la compañía: www.cristianeazem.com
(Dirección: Cristiane Azem)
Fenicia Compañía de Danza Oriental ha sido la primera compañía en su categoría en formar parte de la programación de temporada de un Teatro en España, tras debutar, en 2007, en el marco del prestigioso ciclo CARTOGRAFÍAS DE LA DANZA, promovido por José Manuel Garrido, en el Teatro de Madrid.
FENICIA está formada por once bailarinas, incluida su directora, Cristiane Azem, que imprime a sus coreografías su amplia formación en danza, enriqueciendo las formas tradicionales de la Danza Oriental, y adaptándola escénicamente para los grandes escenarios.
Para esta ocasión FENICIA vuelve a presentar DROM, en versión ampliada, con dos actrices de teatro gestual, once bailarinas, diseño de luces de Nicolás Fichtel y Ángel Hidalgo Cantizani, además de un lujoso y variado vestuario.
CRISTIANE AZEM
De origen libanés y nacida en Brasil, Cristiane Azem lleva 13 años afincada en Madrid, donde ha desarrollado una intensa labor en la enseñanza y divulgación de la Danza Oriental en España. Dirige su propio Centro de Danza, donde ofrece una amplia y elaborada formación dentro del ámbito de las danzas orientales. Como resultado de su trayectoria como bailarina y coreógrafa, en 2006 crea FENICIA
Compañía de Danza Oriental, que, tras su éxito con el espectáculo Aroma Oriental, estrena Nassan Alayna y DROM, en enero de 2007.
DROM
DROM, que en romaní significa “viaje” o “camino”, narra a través del baile el largo viaje emprendido por los gitanos desde el Rajastán (en India), pasando por Persia, Turquía, Centro Europa, Egipto y Francia, hasta llegar a España.
DROM parte de Rajastán con un baile de la cultura Kabelia, colorista, alegre, vital...
En su periplo hasta Persia, nos trae el misterio de las danzas tribales con espadas de las montañas donde se han instalado.
En Turquía, la fuerza y vitalidad de una música concebida para entretener, y un baile concebido para seducir.
En Centro Europa, la melancolía y el desgarro de un pueblo se transforma en circo, en fantasía, contrapunto al inefable destino desvelado por las cartas...
Ya en Egipto, el misterio de los desiertos se convierte en fiesta de ritmos y fuego, donde la unión entre la cultura árabe y la gitana se ha transformado en elemento autóctono de doble procedencia.
En su paso por Francia, DROM nos lleva a Sainte Marie de la Mer, lugar de peregrinación y muestras de devoción a Sara, la virgen negra de los gitanos.
De ahí a España, llegamos a Granada, donde una canción Andalusí nos abre las puertas de la Alhambra y un quejío flamenco nos lleva al Albaicín, a las cuevas donde termina nuestro viaje.
DROM hace referencias a la cultura propia de cada región y a la vez a una cultura de asimilación de tradiciones lejanas traídas por las caravanas gitanas.
Un viaje de siglos de intercambios de tradiciones, de permanencias culturales gracias a la música y el baile.
El símbolo escogido para DROM es el “Chacra de AshoK”: una rueda, un círculo, que está representado en la bandera Romaní internacional, y que tiene su origen en un mural de la Antigua Persia. Un símbolo solar, redondo, dinámico como las ruedas de una carroza, que gira...
De ahí la recurrencia a los giros en todos los bailes, vínculo de permanencia y continuidad cultural desde India hasta España; el giro sobre el propio eje, evocando las rotaciones de los astros, transformando la energía en movimiento, promoviendo el viaje, el camino...
LA MÚSICA DE DROM
Fruto de una intensa investigación, la música de DROM está repleta de referencias y contiene elementos claves de la cultura a que se refiere. Funciona, además, como hilo conductor de la puesta en escena, ya que desde el misterio, la sensualidad o la melancolía de sus notas invita al espectador a un viaje de sensaciones, que le transportará al siguiente destino de la caravana… Entonces la fuerza y la vitalidad de los ritmos y una algarabía melódica invaden el escenario.
Nuestra ruta musical empieza con un tema de sonoridad hindú llamado Pundela, que describe un cuento tradicional donde el personaje va lejos de su tierra buscando una vida mejor. A continuación el grupo Musafir (pueblo nómada), máximo exponente de la música de Rajastán, interpreta un tema acompañado tradicionalmente de un baile llamado Roomal.
La transición a Persia se hace con una música clásica iraní, de tombak y santur, sus dos instrumentos claves, haciendo referencia a la gran época de la Ruta de la Seda, momento de llegada de los gitanos a Persia. Este momento se ilustra con un tema de las cortes de Uzbequistán llamado Sol del amanecer. Los crótalos de metal suenan enseguida con una percusión reiterativa y seca -típica de las culturas menos elaboradas pero llenas de fuerza vital-, en referencia al contacto de los gitanos con las tribus de las montañas en Persia y a su música misteriosa y honda.
Melodías modales y arcaicas nos conducen a Turquía, donde el nay (flauta oriental) y el ritmo de trance del ayub nos acerca a la espiritualidad de la música Sufí Derviche. En Turquía los gitanos han desarrollado una música de entretenimiento para las cortes del sultanato, de gran complejidad y virtuosismo, alegre y dinámica. Con esta música se da paso a la danza oriental de estilo turco-zíngaro. Enseguida suena un tema llamado Sulukule, referencia de la cultura romaní en Turquía.
Cuando la caravana se dirige a Centro Europa suena entonces el máximo exponente de la cultura zíngara, una especie de himno llamado Ederlezi, interpretado por una mítica voz romaní, la cantante Mitsu. Ederlezi da paso a las Danzas Rumanas, interpretadas por Arbat y Ando Drom. Sus melodías nos traen memorias del circo, sus violines llenan el escenario de alegría y contagian al espectador.
El viaje continúa por Francia, donde el ambiente de devoción a la Virgen Sarah, la Negra, se mezcla con la euforia del Jazz Mamouche, intenso contraste de sensaciones, típico en las manifestaciones religiosas de los pueblos gitanos.
Una vez en el Bósforo, las caravanas gitanas tienen dos posibles destinos: Centro Europa o Egipto. Los gitanos que llegaron a Egipto han traído muchas tradiciones, pero se han encontrado con una cultura local en los márgenes del Nilo y la han hecho suya, creando una tradición musical distanciada de las formas turcas, utilizando los argules (gaitas primitivas) y otros instrumentos del desierto.
Con una melodía faraónica se introduce el paso por Egipto. A continuación suenan temas paradigmáticos de los Gitanos del Nilo.
Llegamos finalmente a España. A finales del siglo XIV, llegaron los primeros gitanos a España, una música muy elaborada sonaba en la Alhambra de Granada: la música andalusí de tradición gharnati. Pronto los gitanos mezclaron sus referencias con la cultura popular local, con aspectos de las tres culturas que convivían hasta entonces en la Península. Para Drom se ha elegido una fusión de dos temas populares muy conocidos: La Tarara y Ya bent baladi, para sugerir la mezcla. A continuación suena un corrido gitano, forma más primitiva de la bulería, el periplo musical termina con la voz de Camarón entre sonidos hindúes, recordando el inicio del viaje.
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