Compañía De Flamenco Javier Barón
Premio Nacional De Danza 2008
JAVIER BARÓN. PREMIO NACIONAL DE DANZA 2008, en la modalidad de Interpretación, por su aportación al flamenco desde la danza española y por su dedicación a la investigación de estéticas en el flamenco desde la ortodoxia y el conocimiento de este arte.
Javier Barón nace en Alcalá de Guadaira, donde se hacía el pan de Sevilla y un cante por soleá. Él tendrá en su arte de lo uno y de lo otro: sustancia de tierra para dar alimento natural y profunda elegancia de sencilla majestad con mucho empaque.
Comienza su andadura profesional en las compañías de Luisillo, Rafael de Córdova, Ciro y Rafael Aguilar, hasta su ingreso, en 1981, en el Ballet Nacional de España.
Si en 1980 obtiene el Premio Gente Jove de RTVE, en 1988 conseguirá la confirmación y el doctorado conquistando, en la Bienal de Sevilla, el Giraldillo del Baile.
Participa en distintos proyectos colaborando con destacadísimos artistas flamencos e interviene en las obras discográficas Cantaora, de Carmen Linares, y Flamencos en Nueva York, de Gerardo Núñez.
Tras la obtención del Giraldillo se consolida en su posición de primera figura de la danza flamenca contemporánea. En 1996 dirige el primer taller de Creación en el Centro Andaluz de Danza (CAD). Al año siguiente forma la compañía que lleva su nombre y estrena, con la colaboración especial de Ramón Oller, el espectáculo El pájaro negro en el Teatro Central de Sevilla. Desde entonces, su capacidad creativa no ha parado de florecer, reflejada en sus obras:
Sólo por arte. 1998
Baile de hiero, baile de bronce. 2000
Dime. 2002
Notas al pie. 2004
Dos voces para un baile. 2006
Con estos títulos ha recorrido medio mundo, cosechando un éxito rotundo que ha traspasado nuestras fronteras. Cabe destacar el espectáculo Dime, la obra más premiada en la Bienal de Flamenco de Sevilla de 2002.
Todas sus propuestas han significado y significan una versión cabal del clasicismo renovado, una verdadera antología de sus peculiares maneras de bailar y entender el baile, siempre en equilibrio de elegancia, masculino y natural, de finura exquisita y de honda belleza.
En enero de 2007 estrenó, en el XI Festival de Jerez, la obra Meridiana, otro giro de tuerca en su exitosa trayectoria artística, que ha visto refrendada, una vez más, con la obtención del Giraldillo a la Maestría, un prestigioso galardón concedido por la Bienal de Flamenco de Sevilla.
Javier Barón ha recibido el PREMIO NACIONAL DE DANZA 2008, en la modalidad de interpretación, por su aportación al flamenco desde la danza española y por su dedicación a la investigación de estéticas en el flamenco desde la ortodoxia y el conocimiento de este arte.
DOS VOCES PARA UN BAILE
La vida no tiene explicación: se vive, no se comenta. El baile flamenco, porque está vivo, no es reflexión, ni tratado, es acto, aliento que fluye, movimiento que no se detiene. El bailaor está vivo porque respira, porque es en el escenario, porque se llena de tiempo y habita el espacio, Es como una hoja que mece el viento (que es la música, que es el ritmo, que son las voces) y un árbol que hunde sus raíces en la tierra (que es su corazón, que es su verdad, su alma).
Con Dos voces para un baile, Javier Barón quería un espectáculo que fuera libre y vivo y esencial. Este era el reto: un traje sin costuras, un edificio transparente. La apuesta era exigente, pero muy atractiva. Nada más difícil que desaparecer y estar presente a un tiempo, nada más complejo que la sencillez. Por ello, hemos diseñado una puesta en escena “invisible”, que nunca reclama un protagonismo que no le corresponde en este caso y que, sin embargo, acompaña cada baile, cada cante como un enamorado, como un primer espectador y lo coloca allí donde alcanza su plenitud.
“Hay momentos en la vida de un artista en que se detiene y echa una mirada atrás, al que ha sido, para poder entender mejor al que es y, así, seguir creciendo. Eso hace Javier Barón en Dos voces para un baile. Y el resultado es un ejercicio de desnudez, de despojamiento de su baile y de los elementos que lo rodean, para quedarse con el tuétano. Y el tuétano es la música y las voces y el ritmo. Dos guitarras cómplices y luminosas, el compás preciso y versátil y dos cantaores extensos, generosos y en estado de gracia. Sólo eso. Eso y el baile de Barón. Un baile clásico y arriesgado, exacto y libre, que transita por todo el repertorio flamenco con igual entrega y brillantez: de la farruca a los tangos, de las alegrías a la seguiriya, de la soleá a las bulerías. Todo fluye, como una conversación, como una improvisación inspirada y gozosa. Dos voces para un baile es un regalo, la obra de un artista que, en su madurez, prescinde de ornamentos y atajos y nos entrega su verdad más esencial”.
David Montero
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